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Descubre los beneficios del calzado barefoot. El poder de andar descalzo.

Descubre los beneficios del calzado barefoot. El poder de andar descalzo.

Beneficios de andar descalzo. El futuro del calzado.

Cómo volví a aprender a caminar.

 

 

Nuestros ancestros. nunca hubiesen hecho ejercicios o workouts voluntariamente. Cómo muchas cosas en el mundo, ejercitarnos es raro y extraño.

El primer libro de Dan Lieberman, profesor de biología evolutiva humana en la Universidad de Harvard, de divulgación científica, La historia del cuerpo humano (2013), argumenta que muchas de las enfermedades crónicas no infecciosas que nos afligen, como la diabetes, las enfermedades cardíacas y ciertos tipos de cáncer, son “enfermedades no coincidentes”, evidencia de que somos biológicamente inadecuados para nuestro estilo de vida moderno.


El ejercicio se propone a menudo como una forma de protegerse contra estas enfermedades, pero en sí mismo es un fenómeno moderno curioso. Nuestros antepasados cazadores-recolectores eran mucho más activos que el trabajador de oficina promedio del siglo XXI, pero con la excepción del baile y otros rituales en comunidad, no estaban dispuestos a gastar más energía de la necesaria para sobrevivir. En otras palabras, no es un signo de pereza si luchas por encontrar la motivación para hacer ejercicio; es la naturaleza humana. Si te sientes cansado, con poca energía y tan perezoso que incluso es un esfuerzo levantarte del sofá, no estas sólo; sólo significa que como ser naturalmente humano, necesitas buscar una motivación para ejercitarte.

“La idea de que si naturalmente no quieres levantarte y correr cinco millas hay algo mal en ti no está bien, pero así es como tratamos a las personas hoy en día”, dice Lieberman. “Así que quería escribir un libro contra las tonterías sobre un tema que es confuso y problemático, pero que también es importante”. El resultado es Exercised: The Science of Physical Activity, Rest and Health, que utiliza su investigación sobre la evolución humana para cuestionar ideas y conceptos erróneos sobre la salud y el ejercicio. ¿Sentarse es tan malo para la salud como fumar? él pide. ¿Deberías aspirar a ocho horas de sueño por noche? ¿Cuánto se debe caminar al día?

¿Qué pasa si estamos sentados durante mucho tiempo?

Los largos períodos de inactividad son perjudiciales para nuestra salud, ya que pueden hacer que suba el nivel de azúcar en la sangre, aumente la grasa corporal y provoque una inflamación peligrosa, pero sentarse también es algo normal. Los investigadores que aplicaron acelerómetros a tribus de cazadores-recolectores y agricultores-recolectores amazónicos descubrieron que eran sedentarios entre cinco y diez horas al día. Eso es significativamente menos que el estadounidense promedio que, según varias investigaciones, se sienta una media de 13 horas al día. Lieberman sugiere que con pequeños hábitos diarios, podremos ajustar nuestra vida sedentaria para beneficiarnos de estilo de vida un poco menos sedentario.

Lieberman cree que mantenerse activo mientras está sentado (incluso moverse inquieto cuenta) y levantarse varias veces por hora hace una gran diferencia. Está convencido de que nuestro estilo de vida inactivo nos está matando. Cuando las personas habituadas a un estilo de vida occidental visitan al médico, el 70 por ciento de las veces es por enfermedades que podrían prevenirse siendo más activas, y se ha demostrado que el ejercicio ayuda a tratar enfermedades mentales como la depresión y la demencia, me dijo Lieberman. “Creo que si pudiéramos hacer que las personas fueran más activas físicamente, podríamos hacer del mundo un lugar mejor de una manera sencilla”.

Uno de sus artículos científicos más influyentes, publicado en Nature en 2004, se inspiró en un experimento en el que colocó cerdos en cintas de correr para observarlos correr.

Su amigo, Dan Bramble, observó que las cabezas de los cerdos se movían mucho mientras corrían. Los perros, caballos y otros animales adaptados para correr poseen un ligamento nucal en el cuello que mantiene inmóvil la cabeza; nosotros, los humanos, también lo tenemos. Se piensa que debido a esto, a otros aspectos de nuestra estructura musculoesquelética, y a nuestra capacidad para regular la temperatura de nuestro cuerpo mediante la sudoración, los humanos evolucionamos para correr.

Lieberman argumenta que somos corredores natos y observa que, aunque nos cuesta superar a muchos animales en carreras de velocidad, podemos superarlos en distancias más largas. Él cree que nuestros antepasados practicaban la “caza de la perseverancia”, persiguiendo a la presa a través de grandes distancias hasta que se cansaba. Hace seis años, Lieberman participó en una carrera de “hombre contra caballo” de 25 millas en Arizona: venció a 40 de los 53 caballos y completó el recorrido montañoso en cuatro horas y 20 minutos. A Lieberman le gusta correr descalzo o con zapatos “minimalistas” especialmente diseñados, que, según las investigaciones, reducen la probabilidad de lesiones. Esto ha hecho que sea conocido como “el profesor descalzo”.

Notó que, a medida que pasaba más tiempo descalzo, sus pies desarrollaron callos que los protegían de lesiones, pero se preguntó si sus pies estaban perdiendo sensibilidad como resultado. Con un equipo de Alemania y Kenia, han llegado a la conclusión de que, a pesar de que los callos se engrosan al pasar más tiempo descalzo, esto no conduce a una reducción de la sensibilidad del pie. Descubrieron que la superficie dura del callo todavía transmite estímulos mecánicos a los nervios dentro de la piel igual de bien que una suela sin callos o sin protección.

En teoría, este impacto adicional posiblemente podría explicar por qué las tasas de rodillas artríticas se han duplicado desde la Segunda Guerra Mundial, cuando el diseño del calzado comenzó a incluir cierto nivel de amortiguación, pero aún no hay evidencia sólida que respalde este vínculo.

Un pie calloso nunca creará el nivel de “amortiguación” de un zapato tradicional, pero simplemente puede facilitar el movimiento descalzo sin perder la retroalimentación sensorial vital que tenemos entre los pies y nuestro cerebro.

Las personas que corren con zapatos acolchados golpean el suelo con más fuerza que aquellos que regularmente están descalzos o que usan zapatos minimalistas. Concluyó que caminar de medio a adelante, en lugar de golpear con el talón, puede proteger los pies y las extremidades inferiores de las lesiones por impacto y, lo que es más importante, es el patrón de pisada más común entre las personas que corren descalzas o con zapatos minimalistas.

Esto podría explicar por qué durante los últimos treinta años, a pesar de que la mayoría de los zapatos para correr modernos agregan más tecnología a su construcción, en realidad no ayudaban a prevenir lesiones.

La diferencia entre lo que sucede cuando un pie golpea el suelo en un zapato acolchado es que el impacto es más ‘cómodo’ porque la rigidez de la suela del zapato reduce la velocidad a la que el cuerpo toca el suelo, pero el impacto en el cuerpo sigue siendo el mismo Como dice Lieberman, “la energía que se dispara por la pierna es unas tres veces mayor en un zapato acolchado que si estuviera descalzo”, aunque agrega que todavía “no tenemos idea de lo que eso significa” para la salud general de las articulaciones. “La gente está confundida acerca de muchos aspectos de la salud y la enfermedad. Eso es porque lo medicalizamos, lo comercializamos y a veces no les damos la verdad porque tenemos miedo de darles las complejidades”, dijo. En resumen, las lesiones por correr pueden tener más que ver con la marcha que con el calzado, pero los zapatos también pueden permitir, o incluso fomentar, patrones de carrera que nos hacen más propensos a las lesiones en primer lugar. Con los zapatos barefoot y minimalistas, conseguimos un estilo de correr más eficiente y “descalzo” simulando cómo corrieron nuestros antepasados durante decenas de miles de años; en pies descalzos o en cubrepiés mínimos o zapatos delgados tipo sandalias que protegían solo del clima y terrenos difíciles.

Este fue el tema del trabajo seminal de 2004 de Lieberman Born to Run, donde él y su equipo concluyeron que los humanos somos corredores naturales y que nuestra capacidad para correr puede ser clave para nuestra evolución.

¿A qué esperas?, ¡free callos y deja a tus pies salvajes y descalzos!

 

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